
Ahora tiene 9 años y en un par de años se verá relevada de sus obligaciones de diosa y podrá recuperar su vida normal.
La creencia y tradición popular sostiene que la diosa hindú Taleju vivirá en su cuerpo hasta que tenga su primera regla y por eso debe pasar la infancia encerrada en un templo. Allí desarrolla la vida de cualquier niña de su edad -o eso dicen-, juega, desde el 2008 estudia, pero los domingos por la tarde debe asomarse durante más de una hora al balcón del templo. Algunos domingos, si hay muchos turistas, debe salir dos o tres veces y permanecer inmóvil, sin pestañear y sin sonreír para que pueda ser admirada pero no fotografiada por los asistentes.
Las fotos se venden en la tienda de souvenirs, el negocio es el negocio...
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En el año 2008, el Tribunal Supremo de Nepal dictaminó que las kumaris deben ir al colegio y disfrutar de todos los derechos del niño. La norma afecta a varias menores del país, pero la de Katmandú, Matina, es la más importante y limitada. Sólo sale de templo 13 veces al año para atender rituales; no puede pisar el suelo de la calle, vivir con su familia biológica o descuidar las ceremonias religiosas hasta que otra chica la sustituya en el cargo.
Rashmila Shakya, que fue diosa entre 1983 y 1991, en su libro de memorias cuenta el vacío que tuvo que rellenar hasta que alcanzó el nivel educativo de los chicos de su edad. Se reenganchó al sistema varios cursos por debajo pero, no obstante, ha conseguido ser la primera kumari en llegar a la universidad. Ahora tiene un título, un empleo y es una persona mediática que aboga por mejorar algunas facetas de la vida de las niñas diosas y asegura que, aunque ahora estudian más que en su época de 'diosa', su formación sigue estando por debajo del nivel medio de otras niñas de su edad y el no contacto con la vida real, les crea fuertes hándicaps de cara al futuro.
2 comentarios:
Si, no la maltratan, la miman y cuidan pero destrozan sus años de infancia. La edad más bonita.
Tienes toda la razón, la explotan y utilizan como un reclamo turístico. Aunque la cuiden y lleven entre algodones, es un hecho altamente criticable; pero, ya se sabe, las creencias y tradiciones son así y nosotras no somos quien para criticarlas. Aquí tenemos tradiciones mucho peores.
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