Creo que, desde siempre, mi gran obsesión han sido los zapatos y los bolsos. Sin ser una loca Imelda Marcos que tenía tropecientos mil pares yo también tengo unos cuantos, aunque siempre me ponga los mismos: los más cómodos, léase los más gastados. Con las botas me sucede exactamente igual, 6 pares nuevos o semi nuevos y yo con unas que, un día, se desintegrarán en plena calle y me dejarán con los pies sobre el asfalto.

En verano tenía un truco que os recomiendo: cada vez que pasaba cerca de una fuente, me los sacaba, los mojaba y me los volvía a poner. Así 'domé' muchos, pero en invierno la cosa se complicaba y los zapatos incómodos acababan muriéndose en el mueble zapatero sin haber pisado la calle.
El problema radicaba en que en los años 70, 80 y mitad de los 90, el número mayor era el 39. Sí habían 40, cuatro, contados, horrorosos y de vieja; y yo que necesitaba ese número, me tenía que jorobar y ponerme uno menor.
Aún ahora, cuando tengo que comprarme zapatos, voy a principio de temporada, ya que si espero un poco, los 2 pares del cuarenta que reciben, vuelan. ¡Ventajas de ser la jirafa más pequeña de este mundo!...

Ahora estoy encantada, pero han tenido que pasar algunos años para conseguir encontrar zapatos, pantalones y estar orgullosa de ser una pequeña 'jirafilla'.
PD-Lógicamente los zapatos que aparecen, Louboutin, Zanotti, etc., no me los puedo poner ni en sueños, pero me gustan.
1 comentario:
Mojar los zapatos por la calle ¡gran idea! Yo los mojo en casa, pero lo de la calle es mejor ya que o los aguantas o vas descalza. Lo probaré.
Ves, de estas cosas no nos enterábamos cuando escribíamos de política. ¿Y para qué?... ¡para nada!
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